Es como una especie de
estupor social, como un desagrado impotente con ahogo que eriza, lo que se
siente al ver, oír, sentir y palpar lo que está sucediendo en nuestro País, y
es que un gobierno puede convertirse en el bufón del pueblo cuando quiere tapar
el sol con un dedo y esconder la realidad, viviendo en un mundo de fantasía.
El detalle importante
es que más allá de hacer lo debido para convertirse en burla, causa gran daño ya
que no es sólo el querer hacer ver al mundo que su gestión es la mejor, y que
cuatro agitadores pretenden desestabilizar el régimen porque (según ellos)
quieren una patria horrible. Hago énfasis en "Cuatro agitadores", ya
que ha sido un término utilizado por voceros del régimen para referirse a los
cientos de miles de venezolanos que apoyan la protesta pacífica de los
estudiantes desde el 12 de febrero pasado, quienes han decidido esta
alternativa porque sus ruegos no son escuchados, sus ruegos de una patria
libre, donde puedan adquirir los productos de primera necesidad sin
inconvenientes, y no sólo los de primera necesidad, sino también muchos otros
que sean de su antojo, porque para eso se remunera el esfuerzo del trabajo, que
es otro de sus clamores, un trabajo que cada día ven más difícil de obtener al
salir de sus casas de estudio puesto que la economía productiva de Venezuela se
va reduciendo cada día más, al punto de estar alcanzando la dependencia
total del subsidio gubernamental. Nos ofrecieron una Patria independiente, que ahora
importa más del 90% de lo que consume, una Patria libre, que ahora calla los
medios de comunicación que no se han dejado comprar, una Patria Soberana, que
tiene altos mandos militares de otros Países en nuestra Fuerza Armada, una
Patria libre de pobreza, de corrupción, de contrabando, de miseria, de
opresión, de monopolios; y basta levantar la cabeza para ver como la cúpula
gubernamental son los jerarcas de estos flagelos. Entonces, ¿Cómo no van a
protestar los estudiantes? Si el único futuro que ven, al imaginarse saliendo
del Alma Mater, es el de cambiar su toga por un carnet de un partido político,
que no les dará de comer, pero les permitirá entrar en la “macolla” que les hará
creer que estarán bien, porque los demás están peor, o en el mejor de los
casos, saldrán con la frente en alto a ejercer su carrera universitaria en un
mercado laboral con una economía de puerto, devengando un salario insuficiente
para pagar una renta, mucho menos para adquirir bienes propios, bienes cada día
más escasos e inalcanzables por una inflación indetenible por un gobierno
ineficiente, con la entrada de recursos jamás pensada en años anteriores, pero
con un derroche descarado y desmedido que deriva en lo que estamos viviendo.
Se suma a todo esto la
criminalización de la protesta, que aunque estipulada como legal en la carta
magna venezolana, el señor que el CNE anunció como Presidente casi un año atrás,
reprime con fuerzas prohibidas en un proceso democrático, maltratando
ciudadanos, asediando estudiantes en Universidades autónomas y apresándolos con
procedimientos fuera de los DDHH. Una razón de peso más para mantener la
protesta.
Al final del día
muchos preguntarán, ¿A dónde llegaremos con esto? Y sería absurdo hacerse la
vista gorda respecto al sentido de la manifestación, pues ya no se trata de
bandos políticos, se trata del ciudadano de a pie que está siendo afectado por
una políticas económicas y sociales totalmente erradas, que históricamente no
han funcionado en otros Países, y que en 15 años de intento han destruido la
sociedad venezolana visiblemente. Es nuestro deber de esta manera levantar
nuestra voz y nuestras manos, para sumarnos al descontento general por estos
flagelos que en conjunto llevan en detrimento nuestro bienestar social,
económico y moral. Basta de esperar que los estudiantes actúen por nosotros
porque ellos son jóvenes, basta de sufrir en silencio las torturas indirectas
de un régimen dictatorial heredado, basta de pasividad, vamos a la calle siendo
lo que somos: Demócratas pacíficos buscando La Salida!
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