lunes, 17 de febrero de 2014

La cosa ¿estudiantil?

Es como una especie de estupor social, como un desagrado impotente con ahogo que eriza, lo que se siente al ver, oír, sentir y palpar lo que está sucediendo en nuestro País, y es que un gobierno puede convertirse en el bufón del pueblo cuando quiere tapar el sol con un dedo y esconder la realidad, viviendo en un mundo de fantasía.
El detalle importante es que más allá de hacer lo debido para convertirse en burla, causa gran daño ya que no es sólo el querer hacer ver al mundo que su gestión es la mejor, y que cuatro agitadores pretenden desestabilizar el régimen porque (según ellos) quieren una patria horrible. Hago énfasis en "Cuatro agitadores", ya que ha sido un término utilizado por voceros del régimen para referirse a los cientos de miles de venezolanos que apoyan la protesta pacífica de los estudiantes desde el 12 de febrero pasado, quienes han decidido esta alternativa porque sus ruegos no son escuchados, sus ruegos de una patria libre, donde puedan adquirir los productos de primera necesidad sin inconvenientes, y no sólo los de primera necesidad, sino también muchos otros que sean de su antojo, porque para eso se remunera el esfuerzo del trabajo, que es otro de sus clamores, un trabajo que cada día ven más difícil de obtener al salir de sus casas de estudio puesto que la economía productiva de Venezuela se va reduciendo cada día más, al punto de estar alcanzando la dependencia total del subsidio gubernamental. Nos ofrecieron una Patria independiente, que ahora importa más del 90% de lo que consume, una Patria libre, que ahora calla los medios de comunicación que no se han dejado comprar, una Patria Soberana, que tiene altos mandos militares de otros Países en nuestra Fuerza Armada, una Patria libre de pobreza, de corrupción, de contrabando, de miseria, de opresión, de monopolios; y basta levantar la cabeza para ver como la cúpula gubernamental son los jerarcas de estos flagelos. Entonces, ¿Cómo no van a protestar los estudiantes? Si el único futuro que ven, al imaginarse saliendo del Alma Mater, es el de cambiar su toga por un carnet de un partido político, que no les dará de comer, pero les permitirá entrar en la “macolla” que les hará creer que estarán bien, porque los demás están peor, o en el mejor de los casos, saldrán con la frente en alto a ejercer su carrera universitaria en un mercado laboral con una economía de puerto, devengando un salario insuficiente para pagar una renta, mucho menos para adquirir bienes propios, bienes cada día más escasos e inalcanzables por una inflación indetenible por un gobierno ineficiente, con la entrada de recursos jamás pensada en años anteriores, pero con un derroche descarado y desmedido que deriva en lo que estamos viviendo.
Se suma a todo esto la criminalización de la protesta, que aunque estipulada como legal en la carta magna venezolana, el señor que el CNE anunció como Presidente casi un año atrás, reprime con fuerzas prohibidas en un proceso democrático, maltratando ciudadanos, asediando estudiantes en Universidades autónomas y apresándolos con procedimientos fuera de los DDHH. Una razón de peso más para mantener la protesta.
Al final del día muchos preguntarán, ¿A dónde llegaremos con esto? Y sería absurdo hacerse la vista gorda respecto al sentido de la manifestación, pues ya no se trata de bandos políticos, se trata del ciudadano de a pie que está siendo afectado por una políticas económicas y sociales totalmente erradas, que históricamente no han funcionado en otros Países, y que en 15 años de intento han destruido la sociedad venezolana visiblemente. Es nuestro deber de esta manera levantar nuestra voz y nuestras manos, para sumarnos al descontento general por estos flagelos que en conjunto llevan en detrimento nuestro bienestar social, económico y moral. Basta de esperar que los estudiantes actúen por nosotros porque ellos son jóvenes, basta de sufrir en silencio las torturas indirectas de un régimen dictatorial heredado, basta de pasividad, vamos a la calle siendo lo que somos: Demócratas pacíficos buscando La Salida!

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