Huye hacia adelante el delincuente una vez siente los talones pisados por la ley, arrebatando vidas sin escrúpulos en busca de su único objetivo: escapar.
Huye hacia adelante el empresario que ante su déficit presupuestario busca endeudarse nuevamente para encubrir las deudas previas. Huyen hacia adelante los niños malcriados que sabiéndose sin razón arman pataletas a sus padres, y también las parejas que buscan resolver sus irreparables relaciones con proyectos nuevos de inversión, casa nueva, o incluso hijos salvavidas.
La huida hacia adelante es sin duda un caso de estudio psicológico para la desatención a las soluciones reales de los problemas.
Y atención, que "huir hacia adelante" dista enormemente de "avanzar", pues el simple concepto de repetir los patrones de huida significa que los problemas y errores siguen siendo los mismos. Estamos atados a un bucle caótico de política destructiva, y los que se jactan de ser conductores de las riendas no permiten avanzar.
¿Pero qué podemos esperar de un régimen autocrático y tiránico que ni siquiera admite tener problemas? En tanto tiempo nos han dado la oportunidad de ver repetidamente sus huidas hacia adelante cuando intentamos avanzar hacia la libertad. Nosotros impulsamos acciones democráticas para mejores tiempos, y su respuesta es la misma: persecución, prisión y tortura a la disidencia, control social con restricción de alimentos y programas sociales, bloqueo mediático a la voz popular, y ataque psicológico, entre otras tácticas que el mismísimo Joseph Goebbels aplaudiría por su eficacia.
Es que sí han sido eficaces, pues seguimos creyendo inocentemente que la destrucción de la economía es debido a decisiones erradas, cuando es absolutamente lo contrario. Es el propósito mismo bien cumplido para mantenerse en la cima del poder y de la riqueza personal. Lo demás no interesa, si hay disidencia que avance, se huye hacia adelante y se destruye a cualquier costo. La muerte como el peor saldo de estos intentos de libertad son para ellos apenas escombros sobre los que caminan para seguir huyendo. O acaso se han hecho responsables por el caso de Franklin Brito, Bassil Da Costa, Génesis Carmona, o más recientemente de Jesús Manuel Medina, entre tantos miles de venezolanos que durante ya un cuarto de siglo han luchado por la tan anhelada libertad.
Si hay una enseñanza que podemos tomar de estos tiempos, es que el régimen sigue repitiendo los métodos para mantenerse, y nosotros hacemos lo mismo con la lucha inconsistente. Prueba de ello se ve en el olvido que quedó la solicitud de comprobante de nacimiento de Nicolás Maduro, prueba fehaciente de ilegitimidad absoluta, o en el conteo de votos de la elección en 2013, por dar unos ejemplos. Claramente hemos confiado en un liderazgo débil que ha sucumbido ante dádivas, amenazas, o quién sabe qué otro tipo de chantaje.
Pero el escenario hoy es otro, claramente. Dejemos a un lado la desesperanza, y si anteriormente nos hemos quejado de los líderes de oposición que se han rendido en su batalla, no seamos nosotros los que hoy bajamos los brazos, sabiendo que hay un liderazgo opositor hasta hoy no visto: una guerrera estratega con disciplina, convicción y consistencia para lograr este anhelado objetivo. Seamos nosotros quienes mantengamos vivo el deseo libertario que más de siete millones de compatriotas manifestaron el 28 de julio, y que la gran coordinación estratégica está mostrando en el mundo entero.
El delincuente está acorralado una vez más, y si nuevamente nos rendimos, volverá a huir. Esta vez seamos nosotros quienes lo hacemos diferente.