miércoles, 9 de diciembre de 2015

Pueblo Turn Down for What

            Entiendo desde todo punto de vista que no es válida la excusa de ser venezolanos para el “chalequeo”, pero la magnitud de la celebración me lleva a comenzar esta nota con una de las tantas bromas que he visto después del pasado domingo, sin embargo, para evitar pataletas, la broma va dirigida hacia nosotros, los que ganamos. Decía la supuesta conversación entre dos diputados electos:
-          Ganamos???
-          Si pana, ganamos!!!
-          Y ahora? Qué hacemos?
-          … mmm no sé, nunca habíamos ganado.
Es una broma real, desde 1998 no se había ganado en las urnas un solo proceso electoral de trascendencia nacional, pues el “NO” dado a la consulta para la reforma constitucional planteada por el difunto, igual pasó por debajo de la mesa ya que él mismo, desconociendo la voluntad del pueblo en aquella oportunidad, fue realizando dichos cambios para moldear las leyes a la medida de sus necesidades.
De allí la importancia del triunfo por parte del deseo de cambio. Y es que como bastante hemos leído estas últimas horas, la victoria no es de la Mesa de la Unidad, sin quitar el mérito por su extraordinaria labor durante estos años de lucha contra quienes han manejado la política nacional de la manera más tiránica posible.
El liderazgo del ex presidente Chávez, infundía en su gabinete, diputados, directores de organismos y casi cada miembro del partido de gobierno, una especie de temor que veneraba cada palabra expelida por él, cosa que no heredó el elegido, pues recordando el momento de la alocución presidencial de hace meses cuando hablaba de la distribución de géneros en el parlamento, el diputado Cabello le hizo el feo al presidente cuando este lo invitó a aplaudir, y ni se inmutó, al mejor estilo de “Turn down for what”; y esto, amigos lectores, se ha traspalado a toda la población, surgiendo de allí el principal vencido del pasado domingo, El Miedo.
No es cosa fácil entender el miedo que sentían los empleados públicos con las amenazas de perder los empleos si no mostraban la foto del voto por la moribunda revolución, teniendo en casa hijos que alimentar y un panorama en las calles bastante turbio para conseguir otro empleo si no querían seguir tales directrices por demás antiéticas. Lo mismo con el miedo de quien siente algo de alivio con las promesas de artículos, elementos monetarios y/o bienes, que saben jamás podrán obtener por la vía del trabajo en un estado que no crea las condiciones para ello. El miedo infundido por el régimen por las supuestas medidas que tomaría un gobierno de diferente tendencia política. El miedo de ser reprimido por ser de la minoría que piensa distinto, o cualquier otro miedo que este desgobierno se ha encargado de alimentar en la psiquis del ciudadano con el vil propósito de mantenerse en el poder “como sea”.
El miedo se venció, y se demostró de la mejor manera que pudimos haberlo hecho, en una fiesta democrática, sin violencia, agresiones y lo más importante, en Unidad. Con esta unidad no me refiero a la coalición política del mismo nombre, pues está claro que miles (si no millones) de quienes pulsaron abajo y a la izquierda no comulgan aun del todo con la ideología política de dicho partido; me refiero a la unidad como bloque de ciudadanos que queremos algo diferente, que nos cansamos de los insultos entre quienes diseñan nuestros instrumentos legislativos, que nos cansamos de ver como las facilidades de tener militantes del mismo partido político en el ejecutivo y en el legislativo nunca fue suficiente para diseñar instrumentos que verdaderamente promovieran el bienestar de los más desfavorecidos, una unidad única, valga el pleonasmo, de venezolanos inconformes con el pésimo manejo de los abundantes recursos de los cuales ha dispuesto el gobierno, y cansados de como se cometen y denuncian fechorías con la riqueza del venezolano a plena luz del día, sin abrir investigación alguna por ser los señalados personajes cercanos a los mismos que ocupan todos los poderes de la nación.
La nueva mayoría en la asamblea (que ya no llamaría oposición por razones obvias), debe entender esto a cabalidad, siendo una omisión de estas razones un salto directo al abismo que acabamos de escalar con tanto esfuerzo. Sabemos la complejidad de la tarea, pero es menester ejecutarla, elaborar un plan minucioso y detallado de pasos a dar desde el hemiciclo con el fin de un objetivo general común, donde cada paso sea precedente del siguiente sin que se obstaculicen entre ellos, y evitando la confrontación con otros poderes y/o con la minoría que sigue siendo pueblo, teniendo presente que las políticas a ejecutar deben ser pensadas en el 100 % de la población. Muy a pesar de la vasta diferencia ideológica que siempre tuve con Hugo Chávez, hay que admitir que su plan para hacerse de las instituciones, leyes y organismos para su causa, fue hábilmente estructurado y es parte del deber en la nueva asamblea revertirlo de la misma manera paulatina con los menores efectos colaterales posibles.
A la vista está como una palabra mal dicha puede ser utilizada por el régimen en contra de las nuevas autoridades legislativas, con el caso de Henry Ramos Allup, que llamando a cambiar la calidad de la televisora ANTV de manera airada, es tomado por el régimen como un llamado al despido de todos los trabajadores de la televisora. Incongruente reacción del gobierno por cierto, a sabiendas de las amenazas a las FANB y empleados públicos si no ejercían su voto a favor del régimen. Pero bueno, eso es harina de otro costal.

Es así como hoy la palabra debe ser restituida como un don y no como el látigo que ha sido durante los últimos 17 años.  No podemos repetir los métodos que enlodaron el respeto a los legisladores, eduquemos en cómo legislar por y para el pueblo, y una vez más, desarrollemos el plan de recuperación de manera estructurada para así evitar un nuevo “Carmonazo” que bien sabemos en qué terminaría.

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