martes, 16 de septiembre de 2014

Dedo blanco vs rojo

Dedo blanco vs rojo

Durante el proceso destructivo que ha vivido nuestra patria las últimas dos décadas, desde ese mismo momento en que un pueblo aturdido de corrupción atendió al llamado con cantos de sirena de un soldado que atentó contra la vida del entonces Presidente de la República y cobró la de decenas de venezolanos inocentes que se atravesaron en su camino de odio, resentimiento y vandalismo, hemos visto tamaño cantidad de burlas hacia ese mismo pueblo somnoliento por los mismos cantos de sirena repetidos hasta el cansancio, y también hacia quienes hemos disentido siempre de semejante atrocidad que supone el hecho de nombrar un homicida como Presidente de la República. 
Comenzamos a ver por esos tiempos nombres nuevos de la clase trabajadora en puestos de relevancia para la vida política nacional, y a muchos les gustó, porque a según, el venir de los tuétanos de los barrios ayudaría a elevar la voz del pueblo a los mandatarios. Error. Todos nos forjamos a pulso nuestro camino, y la preparación (profesional, intelectual y/o experimental) es básica para lograr un buen desempeño en la labor. Se necesitan dos dedos de frente para entender el error garrafal que deriva en costo económico y social multimillonario el colocar personajes sin preparación en puestos claves para las decisiones macroeconómicas del país, y lo podemos apreciar viendo que para lo único que han elevado la voz estos personajes en Venezuela, es para abusar del poder y para sonar agradables al oído del elector, inocente portador del dedo blanco que arriesga hasta su vida a diario en las calles teñidas de sangre, en las colas de alimentos que no producimos, o en las emergencias hospitalarias desprovistas de insumos pero supuestamente llenas de patria. Un dedo blanco que ha sido escondido los días de actividad electoral por temor a las represalias violentas, incluso a perder la vida porque ya nos resulta cotidiano ver como la intolerancia se convirtió en justificativo para quitar una vida. El gran dedo blanco que se hace útil en los procesos de votación, tan útil que muchas veces va vigilado por algún representante de otro dedo, el dedo rojo. 
En Enero de 2007 nos resultó una gracia el nombramiento de Jorge Rodríguez como Vicepresidente Ejecutivo de la república, viniendo directamente de la presidencia del consejo nacional electoral, órgano independiente de la otrora democracia venezolana. En aquella oportunidad, muchos consideramos que dicho nombramiento fue a todas luces el premio a la manipulación del organismo electoral para el mantenimiento del caudillo sobre la silla, y allí se vio cómo el dedo rojo pasó sobre el blanco sin consecuencias mayores. 
Se fue haciendo cada vez más fácil, y el dedo blanco eligió a Antonio Ledezma como alcalde metropolitano, para luego el dedo rojo nombrar a Jacqueline Faría como jefe de gobierno del Distrito Capital, burlando y anulando el "Poder Popular" y otorgando a la fuerza el poder que el dedo blanco ya había otorgado a otro individuo. La misma Sra. Faría declaró entonces en su habitual tono de burla que "los dedos de Chávez son los dedos del pueblo, sus dedos quieren lo mejor para Caracas" frente a decenas de ciudadanos y a medios como el diario El Universal, que lo reseñó el 17 de Abril de 2009. He ahí el dedo rojo. 
Se convirtió en cotidiano ver a familiares de los portadores del dedo rojo en cargos de asignación directa, y otros también en cargos de elección popular, de manera que los miembros de una familia del montón pasaron de la noche a la mañana a merecer el privilegio y la responsabilidad de manejar finanzas, administraciones y decisiones que afectarían a treinta millones de venezolanos. 
Hoy ya no sorprende ver a personajes totalmente ajenos a la vida profesional en cargos de relevancia política y administrativa, vemos ministros que lograron popularidad por su participación en canciones de música urbana, y eso les da el conocimiento suficiente para dirigir un ministerio, vemos entidades creadas por el dedo rojo como premio de consolación para ex candidatos a alcaldías y gobernaciones donde el dedo blanco les dijo "No", y más sin sentido aún, los hijos de los mandatarios ahora gozan de conocimiento en la sangre, pues su linaje los hace todos unos expertos para llevar a cabo funciones que en cualquier país del mundo requeriría al menos treinta años entre estudios y experiencia.
¿Por qué la ley no permite a menores de edad manejar vehículos en las calles?, ¿Por qué existen especializaciones profesionales desde las escuelas catedralicias del siglo VI D.C.?, ¿Por qué los países con mejores índices de desarrollo tiene como gobernantes administradores capacitados, y no líderes populares?, Por la misma razón: porque la historia misma ha demostrado que la capacidad proviene del conocimiento y la experiencia adquirida, y este conocimiento es la única vía para el logro de objetivos.
Nuestra brújula nos abandonó años atrás, o nosotros la abandonamos a ella. Debemos aceptar nuestra responsabilidad en los hechos, pues mientras existan ciudadanos que permitan se les coaccione el uso de su dedo blanco para elegir profesionales capaces en áreas tan primordiales de la economía, y mientras permitamos que el dedo rojo se fortalezca asignando cargos, alimentando la incompetencia y encarcelando a la disidencia, no saldremos del hoyo que hemos ido cavando en esta década y media. Es cierto que el noble suelo venezolano nos permitiría seguir cavando más profundo nuestro foso, pero la alerta en que se mantiene el dedo rojo es porque el pueblo despertó, y ha decidido salir del mismo de una manera muy distinta a la que ellos trabajan, de manera pacífica aunque activa, con cerca de cincuenta protestas diariamente en el país, y una juventud que entiende que nuestro futuro será convertirnos en el estado continental de la isla de la felicidad si no salimos de este régimen.

J.K. Kennedy dijo: "El hombre ha de fijar un final para la guerra. Si no, la guerra fijará un final para el hombre.", y es el turno de Venezuela, si no fijamos un final para el régimen, su incapacidad ya está fijando el final para Venezuela.

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