Todos hemos visto al niño que se adueña de un juego en el parque con gran egoísmo infantil. El momento en que acceden a compartirlo se convierte en gozo para todos, niños jugando felices y adultos presentes tranquilos por el triunfo de la bondad.
¿Qué daño nos hicieron para que como adultos llevemos las decisiones sociales hasta el extremo de nuestra conveniencia egoísta imponiendo con odio una posición?
Hoy existen millones de venezolanos que no conocen otro sistema político diferente al actual, y otros millones más que hemos elegido una opción diferente por décadas pero no se nos da la oportunidad, sin importar la razón.
La sociedad está desgastada de tanto lenguaje hostil, desnutrida con tanta emigración, inundada de llanto por tanta muerte, tanta separación, tanta persecución, tanto chavismo que ya tuvo su oportunidad durante un cuarto de siglo, y hoy trata el país como si fuera su propio juego. Hay numerosos indicadores libres para el análisis de cualquier entendedor que demuestran la gestión de quienes han gobernado por veinticinco años, pues todos sentimos el golpe de la inflación, todos sufrimos la fila de la gasolina, todos hemos despedido familiares y amigos en aeropuertos y cementerios, y vemos tanto en el espejo como en las calles los efectos del tiempo. Nuestra amada Venezuela solo envejece, sin crecer, sin desarrollarse, sin sonreír.
No se puede hablar de paz mientras tienen mazmorras modernas llenas de disidentes, colectivos armados para defender lo indefendible a la fuerza y un lenguaje soez como pan diario. No se puede hablar de economía ante la visible pulverización de la moneda nacional. No se puede hablar de progreso con cientos de obras inconclusas en casi tres décadas de gobierno. Es tanto lo que está mal, que comenzamos a verlo como paisaje. Tenemos una nueva oportunidad para ser mejores.
Todos sabemos que intentarán nuevamente mantener a su pequeña y raptada Venecia, pero la diferencia esta vez radica en que el contrincante está preparado para defender lo propio, el anhelado e inevitable cambio.
La elección del domingo será por recuperar la Venezuela donde la decencia está ante todo.
¡Vamos!